Exposición MODEST CUIXART

Las lecturas pausadas por el tiempo y las realidades inamovibles de la pintura cambian a cada nueva mirada. Todo tiempo deviene presente cargado de tradición y sueños de novedad. En este contexto la obra de Cuixart se transforma y su fuerza rompedora se va consolidando.
La obra de Cuixart, con toda su modernidad, vanguardia y luchas imolícitas, se presenta enmarcada por un espíritu clásico, lo mismo que flota en las atmósferas de Velázquez o Rembrandt, de Klimt o Kichner, De Chirico o Klee.

PINTURAS CON HISTORIA.
Una de las piezas más remarcables de la exposición es un cuadro que forma parte de la serie de obras realizadas para la V Bienal de Sao Paulo (1959), en la que Cuixart gana el Primer Gran Premio Internacional de Pintura. Este hecho le da el impulso internacional que su obra necesitaba para ser conocida en todo el mundo. Hacía tiempo que trabajaba materia, atrás habían quedado los años del Dau al Set; persistía sin embargo la magia.
Eduardo Cirlot escribió a propósito de estas piezas: "Cuixart ha pasado de las imágenes basadas en la incisión y el gratagge sobre densas superfícies metalizadas, a una exaltación a la vez jovial y llena de sufrimiento. Una simbolización del orden cósmico parece transparentarse a través de estas imágenes cuixartianas, que no constituyen muros, sino velos multicolores que aluden a una realidad inmóvil situada más allá de las apariencias oscilantes y movedizas, a la vez que luchan por acercarlas".

HISTORIAS PINTADAS.
La exposición de obras recuerda la larga e intensa investigación plástica que este artista llevó a cabo. La diversidad de la treintena de piezas exhibidas, que engloban una conología desde 1959 hasta 20002, muestran infinitas historias explicadas desde la pintura. La poética de la forma y del color representan las realidades y las inquietudes del alma, volviendo tangibles todas aquellas dudas que Cuixart se planteaba desde su soledad para poder después habitar el mundo, volver a morar la tierra. Los personajes y elementos simbólicos invaden constantemente la superficie pictórica. Cuixart cultiva la memoria histórica, heredero del romanticismo, reivindicaba el código de la pintura y la complicidad con el espectador, haciéndolo partícipe. La transformación de las figuras, como la del recuerdo perfila diferentes estadios de la humanidad. Escenificando las pasiones internas, como la serie de personajes pintados sobre papel en 2002. Un Cuixart que explora las diversas facetas de la sensibilidad, como una cruzada hacia el hallazgo de la verdad, aquella que se custodia desde la metáfora acaecida arte.

Pilar Giró
Revista BonArt num. 103 mayo 2008

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